Jaime E. Peñaloza Durán: Un sentimiento llamado migración venezolana

Hoy se celebra el día mundial del turismo. Y en Venezuela el día del contador público

  Pensamiento: Quien  tristemente deja a su país buscando un futuro mejor, lo único que sueña  es encontrar otro que le alegre  el alma. Jaime E. Peñaloza Durán

Entérate24.com- El caso de la migración venezolana debe enfocarse con la discrecionalidad de dos importantes esquemas racionales: el primero referido a la palabra migración, a la cual todos los venezolanos aspiramos que se le mantenga intacta y no se le agregue ningún calificativo o complemento sintáctico por mucho que se desee mejorarla, completarla, perfeccionarla o hacerla más efectiva como ocurre normalmente en la conformación de cualquier oración gramatical. Honestamente hay que ser venezolano, criollo y de pura cepa para hacerle entender al mundo que los que salen de Venezuela huyendo de un régimen llamado revolución jamás van a aceptar que se les califique de ilegales en cualquier país donde aspiren vivir. El segundo esquema está referido al hecho muy sui géneris de que habiendo sido Venezuela el país latinoamericano con mayor recepción de inmigrantes, para muchos ciudadanos europeos afectados durante y luego de la segunda guerra mundial; así como para otros de países de la región suramericana que escapaban de las dictaduras sufridas en sus países durante las décadas de los años 40, 50 y 60, hoy en día su migración está condenada al desprecio en algunos de algunas de esas naciones que bien hacían llamarse hermanos y donde ingenuamente los venezolanos han soñado ser bien recibidos y tratados con la mejor acogida de hermandad. Pero, ciertamente lo dice el refrán, “asi paga el diablo a quien bien le sirve”.    

Los motivos de la migración son varios, en lo individual varían las razones que cada quien tiene   para entrar a formar parte de las estadísticas que más de mostrar cifras de movilidad geográfica parecieran engrosar el número de víctimas que al pasar de un país a otro van dejando parte de su vida entre esos dos límites fronterizos, sin lograr alcanzar el objetivo fijado. Muchos emprenden un camino hacia lo desconocido y dan “un paso al más alla” sin el respectivo plan B que le impida fracasar en el intento.

Todos los calificativos que puedan encontrarse en sentimientos de tristeza, impotencia, miedo, riesgo, desesperanza, ilusión y decisión que envuelven a los que valientemente cruzan por el puente internacional Simón Bolívar entre Venezuela y Colombia; o los que transitan por los pasillos del aeropuerto de Maiquetía, lejos de achicarlos en sus propósitos los engrandece en sus aspiraciones de ser tratados como personas dignas en cualquier parte del mundo, y no como dóciles borregos en el país que los vio nacer. 

La grave situación vivida en Venezuela durante los últimos años contagió a su población con una especie de moda migratoria donde lo único importante es salir sin tomar en cuenta el mínimo criterio de acertijo hacia donde se pueda llegar. La salida a tropel de millones de venezolanos en busca de una vida digna los llevó a ser la migración de profesionales con la más alta preparación académica jamás vista en la región, además por encima de los estándares de profesionales con estudios de cuarto nivel en las diferentes áreas del conocimiento. Pero también los enfrentó con la triste realidad de tener que dedicarse a la realización de cualquier trabajo diferente al de las carreras profesionales en las cuales se prepararon.

Enumerar el glosario de razones que se tiene para salir abruptamente del país es temerario, toda vez que gran parte de estas razones varían de acuerdo con la tipología de cada emigrante; así pueden mencionarse: los perseguidos por el régimen; los que participaron del régimen y aspiran que sus nombres y responsabilidades sean olvidados; los que continúan en el país compartiendo las bonanzas del régimen y tienen a la familia viviendo de incógnitos en el exterior y los que están convencidos que el país va en clara destrucción y con ella las esperanzas a corto y mediano plazo.

Con respecto a los perseguidos por el régimen, desgraciadamente ellos tuvieron que escoger entre emigrar o ir presos, porque como es bien es sabido los venezolanos indistintamente de cualquier simpatía o credo político, religioso, social, profesional o de otra actividad que no sea afecta al gobierno, se les colocó en un estado de indefensión en el cual su integridad física y hasta la vida corrían altos riesgos de peligro inminente, causados por la furtiva persecución política. Aunado a esto la inseguridad jurídica e impunidad, junto con el asedio practicado durante los últimos años, dan muestra de la principal razón para abandonar el país lo antes posible y sin mirar atrás. 

Los que participaron del régimen y aspiran que sus nombres y responsabilidades sean olvidados; hay que recordar que así como ellos están regados por el mundo disfrutando de un exilio dorado pero tristemente en solitario por temor a exhibir sus caras en público, y permanentemente se ven obligados a tener que pasar por debajo de la mesa, ayudados por la complicidad de algún amigo que le administra los bienes provenientes de la revolución, también viven constantemente con la preocupación de tener que usar las mil y una caras para no ser reconocidos por los millones de venezolanos esparcidos por todo el planeta donde la complicidad de ellos los obligó a llegar.

Con respecto a los que continúan en el país compartiendo las bonanzas del régimen y tienen a la familia viviendo de incógnitos en el exterior; tristemente se mantienen en una especie de contubernio entre la falaz sencillez pregonada por la revolución interna y el ostentoso boato con que viven fuera. Al igual que los anteriores son los más fáciles de identificar, porque como bien dice el refrán: “el que nunca ha tenido y llega a tener, loco se quiere volver”, por eso es muy fácil reconocerlos en otros países donde se les ve haciendo uso de las malas costumbres copiadas de la echonería con que el sistema les ha permitido vivir. Tristemente estas personas castradas de mínimos conocimientos de convivencia y conductas humanas, equivocadamente suelen comportarse en el exterior con las acostumbradas mañas revolucionarias, y además mostrándose con la misma actitud de prepotentes e intolerantes nuevos ricos cuyas fortunas no pueden esconder tan fácilmente, pero con un elemento determinante en su haber, y es el hecho cierto de que cada día se quedan más solos.     

Finalmente aparecen los que están convencidos que el país va en clara destrucción y con ella las esperanzas a corto y mediano plazo, estos conforman la mayoría de los que han salido convencidos de regresar apenas desaparezca el régimen y todo vuelva a la normalidad de la cuarta república. Probablemente sean insulsos soñadores si a tenor de la acción de la dirigencia opositora se llegue a concretar esa supuesta vuelta a la normalidad. Lamentablemente son los más afectados y sufridos, porque son los que realmente perdieron mucho. Gran parte de ellos están pagando las secuelas de su equivocación y la carga del arrepentimiento moral generado por el contagio “manipulado” del voto castigo veintidós años atrás buscando de manera fácil la solución a sus problemas. Estos son los que han tenido que enfrentar una serie de calamidades en la búsqueda de mejoras de vida, inexistentes en Venezuela; también representan al grueso de la migración conformada por personas de diferentes estratos sociales pero castigada con idéntica frialdad y desconfianza para todo el que emigra.

Producto del número de migrantes sobre todo hacia la frontera con Colombia y otros países vecinos, a esta migración venezolana bien se le calificó como diáspora, por cierto que ha sido la última ocurrida en la región Latinoamericana con esas características, y una de las más numerosas del mundo en los últimos años, superada solamente por la de aquellos países que han estado en guerra, lo cual no es el caso de Venezuela. La persecución contra la sociedad opositora venezolana, se inició con la violencia ejercida a través de los llamados círculos bolivarianos hoy conocidos como colectivos, encargados de acabar  violentamente cualquier manifestación contra del gobierno. En paralelo obligaron a los opositores a entrar en una especie de autocensura y tensa calma, “so pena de ser agredidos por esos grupos”. Otra de las razones que coadyuvaron al crecimiento de esa diáspora fue la política de acoso contra la propiedad privada resumida en la palabra “exprópiese”, la cual obligó a muchos dueños de empresas a venderlas por debajo del precio real y salir rápidamente a cualquier destino fuera del país.

Otros de los que engrosaron esa diáspora fue el gran número conformado por personal técnico calificado en las áreas más importantes de desarrollo económico mundial como el caso de técnicos petroleros, personal calificado en el mundo de la investigación y otras áreas importantes de la vida empresarial: igualmente salieron especialistas en el sector eléctrico e hidroeléctrico, que al final aumentaron exponencialmente la dimensión migratoria dejando tras de sí toda una larga vida de experiencia profesional envidiable por cualquier país del mundo.

La falta de atención a los derechos de salud, alimentación y seguridad personal ha hecho que muchas personas deambulen por las calles buscando alimentos y medicinas que difícilmente encontrarán, ante esa situación el venezolano se vio obligado a convertirse en traficante legal dentro de su propio país con los pocos productos que aún existen o que escasamente se producen, ganándose el calificativo de “Bachaquero” todo aquel que realiza esta actividad, que por muy criticable que sea se convirtió en la única manera factible de paliar los $4.6 mensuales que recibe un trabajador, ya que la otra opción que se le presenta es pasar a formar parte de la población en condiciones de hambruna. 

Estos escenarios colmaron de desesperanza e impotencia a los jóvenes que por lógica natural son los dueños de las nuevas oportunidades que pueden ofertarse en un país normal, y no tener que pensar en abandonarlo a tan corta edad con expresiones como “Me voy porque en Venezuela no tengo futuro” “Me voy porque en Venezuela ya no hay oportunidades de nada”. Y es que con cerca del 80% de pobreza crítica, el estricto control de alimentos y medicinas, se agregan los racionamientos de gasolina, electricidad, agua y gas, que al final mantienen a la población al borde de una  esquizofrenia colectiva.

Sin duda, los responsables de la situación generada y los perseguidores de oficio han quedado expuestos a que nunca se le perdone el daño causado a esa diáspora, por lo que más adelante ninguno podrá solicitar la absolución de sus errores ni esperar olvido de la justicia, pues frente a una “Nemo auditur propiam turpitudinem allegans” (nadie puede alegar en su favor su propia torpeza), no habrá juez capaz de exonerarlos, y para el resto de los que nada hicieron para proteger a los perseguidos tendrán que vivir atemorizados por la cita a que hace referencia Dante Alighieri en su obra la Divina Comedia, “Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.

Frase: “las pertenencias que no caben en las dos maletas, se llevan bien protegidas dentro del corazón del viajero triste” Jaime E. Peñaloza Durán.

Cosas buenas: El dulce de icaco

El icaco, también conocido como hicaco, jicaco o ciruela de algodón es una fruta utilizada para la confección de uno de los mejores dulces criollos. Para su preparación es necesario retirar la piel del fruto; para ello, hacemos una incisión en forma de cruz en los extremos del icaco, los sumergimos en un recipiente plástico y agregamos el zumo de 4 limones, dejando remojar por 2 horas, al cabo de las cuales, es muy fácil retirarles la piel.

En una olla colocamos 2 litros de agua, el 1/2 kilo de azúcar, la canela, los clavos de olor y dejamos reducir a la mitad, luego agregamos los icacos pelados, el colorante vegetal y 2 limones cortados en cruz, dejando cocinar hasta que se forme un almíbar denso y la fruta esté en su punto.

El dulce de icaco tiene una pulpa de textura suave y agradable y en el interior de su semilla posee una “nuez” de sabor avellanado y delicado, que convierten a este dulce en uno de los más emblemáticos del Zulia. Usualmente es acompañado con manjar blanco, queso crema o trozos de queso blanco blando. Fuente: cocinazuliana

Inicia la semana comprendida entre el domingo 27 de septiembre y el sábado 03 de octubre. Hoy es el día número 271 del año, y faltan 95 para que termine el 2020.

Saludos, vuelvo en una semana.

Jaime E. Peñaloza Durán

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