Jaime E. Peñaloza Durán: Revolución: humanitaria, o imaginaria

Celebraciones: Hoy se celebra el día de las madres. Lunes 10 Día Mundial contra el Lupus. Miércoles 12 Día Internacional de las Enfermeras. Jueves 13 Festividad de la Virgen de Fátima. Sábado 15 Día Internacional de la familia.

¡FELICITACIONES A TODAS LAS MADRES DEL MUNDO EN SU DÍA!

Reflexión: “Justo reconocimiento hoy para los seres más importantes sobre la faz de la tierra, y para las que ya no están, invoquemos una plegaria de amor y respeto a sus espíritus en el lugar donde se encuentren” Jaime E. Peñaloza Durán.

Entérate24.com- Muchos sostienen que Jesús hijo de Dios fue el primer revolucionario de la humanidad. Esta premisa se antepone a cualquier duda si se toman en cuenta los resultados dejados que conforman el cimiento de los pilares de la vida. Sus enunciados de amar y perdonar al prójimo sin detenerse a pensar de quien se trata o del daño que haya causado, demuestran el despego al odio y entrega total al bien común. Con su filosofía enseñó el camino a seguir, en el cual la base espiritual para el mártir de Nazaret fue el sacrificio personal, a cambio del amor por todos.   

A partir de sus enseñanzas muchos hombres en el mundo en seguimiento a la filosofía de ese incomparable guía de creencias, ilusiones y sacrificios, han querido luchar en beneficio de los más necesitados, unos con mayor credibilidad y éxitos que otros, pero, luchadores cada uno en sus estilos personales.

La historia ha estado signada por hombres y mujeres con suficiente carga de virtudes y liderazgo, capaces de permitirles entrar en la posteridad de los pueblos. Este objetivo se logra entre otras cosas, entendiendo que el común denominador de los ideales es directamente proporcional a la coherencia que exista entre lo que se ofrece y lo que realmente se entregue al más desposeído, en encomiable demostración de amor al semejante.  

La lista de nombres aspirantes a recibir el digno calificativo de honorables revolucionarios es muy larga, y tristemente los espacios destinados a los mismos se aminoran cada vez más debido a la pérdida de virtudes y cualidades en los liderazgos. Por lo tanto, no hay que olvidar que para posesionarse con un título de hombre justo, no solo hay que serlo, sino parecerlo.

La grandeza que siempre acompaña a la justicia, es que siendo ciega tan solo es alcanzada por los que tienen la virtud de llevar consigo la honestidad como estandarte de tranquilidad espiritual para vivir en paz con los semejantes. 

Tal vez, por ese incomparable valor humano, son muy pocos los predestinados a tal logro; por ello, no hay que olvidar lo expresado por el primer revolucionario y filósofo rey de reyes en su parábola: “Porque son muchos los llamados y pocos los escogidos”. (Mateo 22:14).

Haciendo referencia a la parábola, es importante destacar que muchos de los que han querido calzar el puntaje para llegar a la meta de líderes revolucionarios, tan solo han dejado huellas marcadas por los errores cometidos en discursos carentes de verdades y transparencias para cumplir con los ideales soñados por sus seguidores.    

La revolución deviene del latín revolutio, que significa “una vuelta”, Acción y efecto de revolver o revolverse. Es un cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional. 

En mecánica es un giro o vuelta que da una pieza sobre su eje. Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado con ese rodaje, porque si la vuelta cumple con los 360 grados, los resultados serán los mismos ya que todo queda exactamente en el mismo lugar. ¿será por eso que muchos pseudorevolucionarios prefieren dar vueltas sobre el mismo eje, con lo cual solo llegan a posicionarse en el concepto de revolución imaginaria?

Para lograr un cambio social en la estructura del poder o la organización que toma lugar en un periodo determinado de tiempo, hace falta mucha capacidad de liderazgo y sacrificio, más que vítores de ficticias victorias en la imaginación de quienes las pregonan.

Muchos autoproclamados revolucionarios, han trillado caminos equivocados llenos de variaciones y aperturas políticas poco distintas a las ya existentes; de allí la decepción de los pueblos en la búsqueda de cambios radicales en los sistemas de vida que desean lograr, siendo muy pocos los dispuestos a llevarlo a cabo.

Las revoluciones en el mundo occidental se han basado fundamentalmente en las promesas y cambios estructurales en lo atinente a las condiciones sociales en que sobreviven las mayorías. Estas al encontrarse en franca pobreza crea las condiciones propicias que sirven de caldo de cultivo para que emerjan fanáticos creyentes que el triunfo de las revoluciones están dadas únicamente por las cicatrices de resentimiento dejadas de sanar en el tiempo.

El sueño de equipararse con el resto, requiere la convicción de que con trabajo y producción es como los pueblos avanzan en una sana competencia que recomiendan las leyes universales de la economía.

Por el libreto de aspirantes revolucionarios han desfilado una serie de personajes muchos de ellos con pésimo rating y condiciones honorables para optar a tal calificativo. Otros pertenecientes a diferentes estratos sociales y condiciones políticas, amparados por títulos y cargos gubernamentales, o pertenecientes a la nobleza como zares y emperadores, también científicos, políticos, economistas, filósofos, semidioses, líderes guerrilleros y otros con características de abiertos conspiradores, pero todos, sin excepción, deseando ser reconocidos como revolucionarios.

Se requiere poseer más que una pasantía por el mundo de las imperfecciones que se presentan en un sistema capitalista, donde los extractores alegan que por mucho que se pregone como un estado perfecto jamás llegará a serlo, alegando para ello que siempre estará en juego “la explotación del hombre por el hombre”, olvidando que en la sociedad comunista “es el Estado el encargado de empobrecer al hombre”, de allí el gran acierto de Abraham Lincoln con su frase de que “Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son…”

Si de las bondades que brinda la naturaleza no se establece una revolución descriptiva de moralidad en el reparto de las riquezas que ella produce, cualquier sistema sea capitalista o no, va directo al fracaso por simples razones lógicas de humanitarismo, contenidas en su sana práctica de trato humano y prestación de asistencia a los demás.

Entonces, ¿Por qué no impulsar una revolución humanitaria donde todos los seres humanos se traten con respeto y dignidad; donde las verdaderas razones revolucionarias sean el impedimento de la violación de los derechos fundamentales, y donde el motor revolucionario gire hacia la salvación de vidas y alivio de sufrimientos, en lugar de adueñarse del poder como vil mecanismo de someter a los demás?

Es allí, donde radica la razón de la vida en libertad, en que todos puedan mirarse de la misma manera, y no tanta frialdad, porque como bien lo dijo Martin Luther King “Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos”

Muchos líderes en el mundo, reconocidos como grandes estrategas militares han pasado a la historia gracias a sus éxitos, fracasos y caprichos en guerras acontecidas, pero algunos solo dejando tras de sí muchos muertos, lo cual significa históricamente pagar muy caro el precio de llegar a la gloria.

Cuando al final se pida cuentas a los líderes pseudorevolucionarios por las graves consecuencias derivadas de una fallida revolución, seguramente contestarán como todos los cobardes: Yo no hice nada, yo solo obedecía órdenes de mi jefe; “Semper enim est melior in umbra petra viverra est, ut laborare in sole”que cualquier aspirante a revolucionario seguiría como lección obligatoria de aprender, “Porque siempre es mejor jalar mecate a la sombra, que trabajar duro al sol”.   

Saludos, vuelvo en una semana

Jaime E. Peñaloza Durán.