Jaime E. Peñaloza Durán: Obesidad infantil

Celebración: “Día Internacional de la Solidaridad con la lucha de la Mujer en Sudáfrica y Namibia”

“Las lágrimas en las mejillas de una madre arrepentida, deben pesar más que la obesidad en su hijo” Jaime E. Peñaloza Durán

Entérate24.com- La obesidad es una enfermedad grave. Además en una gran cantidad de países se le dio poca importancia y por ello jugaba en contraposición con la estética de la figura humana, porque simplemente no formaba parte de la preocupación cultural de esas naciones, donde los intereses personales estaban enfocados a otras áreas de la vida. Mucha gente aunque fuera de apariencia simulaba gozar de buena salud, contando entre sus principales aliados con las modas del vestir femenino, las cuales por razones de índole moral, giraban más en torno a la holgura de la ropa que a la estrechez que intentaba imponer la nueva moda.

Hoy en día la obesidad se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza en el mundo. Ha sido  una enfermedad, casi insignificante para los niños que la padecen, pero no así ha dejado de ser una preocupación para los padres y familiares de estos, que con el pasar del tiempo han podido comprobar que ella dejó de ser el malestar causado por una figura desproporcionada para convertirse prácticamente en una bomba de tiempo cuyo tic tac va en cuenta regresiva en la medida en que la edad y el crecimiento de los adolescentes va en cuenta progresiva hacia la adultez y mayoría de edad. Igualmente le quita el sueño a más de un adulto que sin reparar en las verdades expresadas silenciosamente por un “amigo-enemigo” llamado espejo y que nunca miente, casi mudamente responde a los deseos que se le consultan en secreto sobre la esbeltez que engañosamente se imagina o se desea ver.  

Hasta hace unas cuantas décadas atrás se mantuvo erróneamente en la mente de muchas personas la creencia de que el niño gordo era un niño sano. Craso error de las madres y de los médicos que permitían que estas vivieran junto a sus hijos en esa burbuja de equivocación materna. Cierto es que las suaves mejillas abultadas y los rollitos pronunciados desde cada continuación de las distintas articulaciones infantiles, simulaban la tenencia de un verdadero muñeco con vida en la casa. En paralelo a esta creencia, las madres no prestaban mayor atención a la burla –hoy en día denominada bullying- a que estaban sometidos estos niños principalmente en la escuela donde raramente se les llamaba por su nombre, sino simplemente con el calificativo de “el gordito”. En más de una ocasión el niño al verse convertido en el centro de burlas y chanzas por parte de sus compañeros llegaba llorando a la casa con la correspondiente queja, para la cual siempre recibía la misma justificación de parte de sus padres: “no te preocupes hijo, lo que pasa es que tus amigos te llaman así por cariño”, sin considerar la magnitud del daño psicológico que se acumulaba en su interior, y allí quedaba el tema para los padres y la creciente preocupación para el niño. Es entendible más no justificado que el descuido o el estado de conformismo mostrado por muchos padres con su propio organismo fuera un elemento permisivo para convertir al niño en una persona con exceso de peso, y que a imagen y semejanza de lo que era mamá o papá todo quedaba felizmente en familia. Pues bien, eso no era más que un claro descuido a las responsabilidades que como padres y representantes se estaban ignorando, tras la complacencia permanente de satisfacer el “sentire esurientem” (sentir hambre).

El hecho de no preocuparse por lograr mantener la normalidad en la figura del niño vigilando atentamente la adecuada proporcionalidad entre estatura, peso y edad, la cual debe guardar una conveniente comparación con la figura estética del resto de sus amigos. No fijarse en esos detalles puso de manifiesto durante mucho tiempo el descuido de tan importante responsabilidad de lo que en el derecho moderno obliga a trasladar esta responsabilidad mucho más allá del cuidado diario, y para ello establece como obligación de los padres y representantes garantizar al menor un cuidado muy especial en su estado emocional. La atención debida pasa por la puesta en práctica las debidas consultas médicas, programadas dentro de plazos recomendados por los especialistas del área. De esta acertada responsabilidad va a depender en gran medida la formación de las bases fundamentales para la garantía de una adultez sana y adecuada. Por ello, y como principio de una buena educación para la formación de una sana alimentación no habrá de olvidarse como principio la popular expresión de que al muchacho hay que dejarle comer lo que quiera a ver si engorda; falsa y ataraxia expresión epictética de conformismo.    

La obesidad infantil en efecto representa un grave problema de salud, que cada día va in crescendo y en colocación de alto riesgo a la tranquilidad mundial. Esta enfermedad se ha venido acentuando con más casos registrados en los países con menos desarrollo económico e industrial, llamados también países bajos y de medianos ingresos, principalmente en el área urbana de estos. Hoy el exceso de peso y la obesidad infantil es una de las enfermedades más graves del siglo, al extremo de habérsele considerado como epidemia, de acuerdo con estudios realizados en el último quinquenio. Esto tiene que entenderse como un grave problema que por ninguna circunstancia deba marcar a niños y adolescentes en la ruta de contraer otras enfermedades graves como la diabetes y otras enfermedades cardiovasculares.

Con la llegada de las malas formas de alimentación, muchos adultos fueron perdiendo cuidado con respecto a las condiciones mínimas de una figura razonablemente concebida, que si bien no estaba en la aspiración de ser esculpida como obra de arte, por lo menos le permitiera disfrutar de unos cuantos años mas de vida, sin la amenaza de que el exceso de peso se convirtiera en el canal conductor a cualquier tipo de enfermedad mortal.

Entre las razones que puedan justificar el desenfrenado aumento de la masa corpórea en las personas, pudieran clasificarse dos grandes grupos, el primero corresponde a personas de la tercera edad en adelante, que durante toda su vida se alimentaron de manera muy centrada en la poca variedad de alimentos en los cuales siempre estaban presentes la harinas y grasas del reino animal, sin prestar mayor atención a los especialistas en nutrición.

El otro grupo mayoritario lo conforman las personas pertenecientes a la población activa que se encuentran atrapados en una gran variedad de compromisos de distintas clases que los mantienen de manera acelerada en el cumplimiento de las diferentes actividades, siendo una de ellas las obligaciones de índole laboral, que dada las consecuencias inflacionarias ha obligado a esta población activa a la necesidad de realizar varios trabajos al día y en horarios que en definitiva no les da tiempo para comer en condiciones medianamente normales; tomando como normales, no solo en el número de comidas de rigor, sino también la cantidad y calidad en el importante balanceo de nutrientes, carbohidratos, calorías y el resto de los componentes nutritivos requeridos en el orden  proteico que cada una de ellas debe contener para cumplir con una sana ingesta alimentaria. Por esas y otras razones han dejado atrás las normas de recomendaciones dietéticas, cayendo en la lamentable costumbre de comer a deshoras cualquier comida rápida abundante en grasas saturadas, que por demás resultan altamente dañinas para el organismo. Muchas de estas comidas generalmente van acompañadas de la infaltable bebida gaseosa, que sin reparar en el daño que ellas producen pasan también casi de manera desapercibida a la formación alimentaria de los niños y adolescentes.

El exceso en la dosis diaria de televisión y el resto de los aparatos electrónicos con la correspondiente anuencia de los padres o de quien los cuida, de alguna manera tienen influencias en la ingesta de comidas de los niños. Muchos niños y adolescentes fijan en sus mentes los productos anunciados en la TV que a decir verdad no representan comidas completas y sanas en su preparación. La manera de publicitar las mismas logra enganchar los gustos de los menores. Igualmente ocurre con la parte del entretenimiento y transformación que sufren cuando de manera automática se adentran en los diferentes tipos de juegos electrónicos que le hacen olvidar por completo el mundo real en el que se encuentran, con lo cual el tiempo que permanecen transportados en dichos juegos apenas les da espacios para ingerir lo que antes denominaban comidas plásticas que por su condición de no llevar tiempo de cocción ni la rigidez de usar la mesa del comedor mantienen al niño estático en su mundo electrónico, con un espacio estrechamente insignificante para la correspondiente quema de energías o calorías en todo caso. 

De la popular lonchera a la entrega de dinero para que el niño disponga de la merienda en la escuela hay una diferencia abismal en cuanto a los resultados del consumo de alimentos, toda vez que los de la casa de alguna manera conservan un mínimo de carga balanceada entre ellos, mientras que los de fuera de casa en su mayoría carecen del cuidado requerido entre una considerable dosis de comida sana y otra de comida chatarra servida a través un dispensador automático.

Con la llegada del periodo de la pubertad aparecen también las preocupaciones para los jóvenes que comienzan a sentir el efecto de los atractivos o las frialdades que conllevan el aspecto llamativo o sencillamente de enamoramientos normales. Estos sueños pueden verse felizmente alcanzados o tristemente frustrados si el factor de obesidad como ocurre en muchos casos termina marcando la línea amarilla divisoria entre la aceptación o rechazo de la persona a quien se pretende conquistar. 

Acertadas recomendaciones de orden científico han apuntado a mantener especial cuidado en la observación del comportamiento en el comer de los menores. Igualmente se aconseja prestar especial atención no sólo al número de comidas y picadas realizadas durante el día, sino también a la variedad de lo que consumen. Es muy importante poder determinar con precisión si la obesidad es debida a la cantidad de absorción de alimentos, la calidad nutritiva de estos o si peor aún se trata de una enfermedad en el sistema hormonal o de cualquier índole que requiera la pronta y adecuada consulta médica. La importancia de tomar en serio el exceso de antojos a deshoras de las comidas por parte de los padres y la debida fijación al incremento de tejido adiposo en sus representados va a marcar de buenos o malos recuerdos la dedicación de sus padres por lo que pudieron o no hacer por ellos para sentirse bien no solo de salud sino de aspecto varonil o de feminidad, que en cada caso en particular significa gozar de muy buenos resultados en sus adolescentes amoríos y relaciones de amistad.    

Lo importante del tema radica en que nunca se debió cambiar un buen cruzado de pescado oriental, un mondongo criollo o un sancocho de gallina bien sazonado, por una rápida bala fría transformada hoy día en comida chatarra. Los malos efectos de esta comida artificial alcanzaron a los niños quienes se acostumbraron a la ingesta de alimentos procesados llamados también comidas sintéticas, chatarra o comidas basura, donde lo mejor de ellas es su presentación que además de ser muy bien envueltas venían acompañadas de unos atractivos muñecos y figuras plásticas de moda en el cine infantil. Ello hacia olvidar por completo a los padres que resulta más conveniente y barato pagar una consulta médica a tiempo que mantener en esclavitud al niño amarrado a la competencia de conocer y tener en juguetes a los principales personajes infantiles de moda en las películas animadas.  Autor: Jaime E. Peñaloza Durán.

Frase: “Cuando mi madre nos daba el pan, repartía amor” (Joël Robuchon)

Refrán: “Barriga llena, corazón contento”. Aquel que tiene las necesidades básicas cubiertas no necesita de nada más.

Curiosidades: Los bebés pueden curar a sus madres en el vientre

No solo las madres cuidan de sus hijos, sino que los bebés también cuidan de sus madres. Mientras se encuentra en el útero, el feto puede enviar sus propias células madre a los órganos dañados de su progenitora para restaurarlos. La transferencia e incorporación de células madres embrionarias en los órganos de la madre se llama microquimerismo uterino.

Fuente: Bioguia.com.entretenimientodatoscuriosos

Personaje:

Francisco Antonio Rísquez fue un importante médico venezolano de finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Notable maestro y académico, así como periodista y divulgador científico. Dedicó su vida a la solución de problemas sociales. Considerado el creador de la higiene del trabajo. Fundador de la Academia Nacional de Medicina y representante de la Cruz Roja Venezolana.

Francisco Antonio Rísquez nació el 10 de octubre de 1856 en Juan griego, estado Nueva Esparta. En 1868 se trasladó a Caracas, para cursar el segundo año de filosofía en el colegio Vargas. En 1870 obtuvo el grado de Bachiller en la Universidad Central de Venezuela. Al año siguiente inició sus estudios de medicina. En julio de 1876 obtuvo los grados de Bachiller y de Licenciado en Medicina; y en octubre de ese mismo año recibió el grado de Doctor en Medicina y Cirugía de la Universidad Central de Venezuela.

Se dedicó a la práctica médica y académica, además fue legislador y diplomático. Como académico dedicó buena parte de su vida a su alma mater. Llevó adelante las cátedras de: Patología General e Interna, Obstetricia, Terapéutica Clínica, Medicina Legal y Toxicológica. Además fue Vicerrector (E) en 1889 y en 1893. Como Director de la Escuela de Medicina de la UCV, reformó y reglamentó su práctica, creó laboratorios y gabinetes para la enseñanza práctica. Entre 1935 y 1936 llegó a ser Rector de la Universidad Central de Venezuela.

El Dr. Rísquez colaboró con J. M. de los Ríos en la fundación de la Clínica de Niños Pobres de Caracas. Desempeñó importantes cargos en la Administración Pública y a nivel gremial, como: Secretario del Consejo de Médicos de la República; Director de la Sociedad de Médicos y Cirujanos de Caracas; vocal del Consejo Supremo de la Cruz Roja Venezolana; miembro fundador y Presidente de la Academia Nacional de Medicina. Su actividad científica la divulgó en numerosas publicaciones, como: el periódico “Tributo a los pobres”, Revista Científica de la Universidad, Gaceta Médica, y Anales del Colegio. Destaca entre sus títulos: Manual de Medicina Legal y el Código Farmacéutico Nacional.

La actuación de Francisco Antonio Rísquez en España se extendió por una década, como diplomático y médico. En 1902 obtuvo el diploma de Médico en la Universidad de Madrid. Fue incorporado como Miembro de la Real Academia de Medicina de Madrid e Individuo de Número de la Academia Médico Quirúrgica de Madrid. Fundó la Liga Antituberculosa y el Dispensario Antituberculoso, en Málaga. A su regreso al país propuso la creación de la Escuela de Enfermería, de la cual fue su primer director. En 1928 asumió la dirección del Dispensario Antituberculoso de Caracas.  Fuente: ivenezuela.travel   

 Han transcurrido 222 días y faltan 144 para que termine 2020.

Saludos, vuelvo en una semana.

Jaime E. Peñaloza Durán

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