Jaime E. Peñaloza Durán: La Eutanasia… ¿buena elección?

Pensamiento: Desear morir por no aguantar una larga enfermedad, es peor que morir estando sano. Jaime E. Peñaloza Durán

Hoy se celebra el día Internacional de la niña y del dulce de leche

Entérate24.com- Generalmente cuando una persona comete actos que exponen su salud y hasta la vida, los parientes o amigos más allegados tienden a salirle al paso instándolo al cese de dichos actos y cambio de actitudes. En ocasiones la injerencia en tales asuntos tienen éxito, sin embargo, en la mayoría de los casos escuchamos respuestas como ¡en mi vida mando yo y hago con ella lo que me venga en gana! Esta es una expresión de tenencia y demostración de propiedad personal absolutamente indiscutible, razonablemente entendible que cada quien es libre de sus actos y el goce de sus derechos, siempre y cuando no coloque en riesgo o peligro inminente al resto de la comunidad incluyendo la propia familia, sobre todo por aquello de que el derecho de los demás terminan donde comienzan los míos, por lo tanto, debe exigirse el derecho a vivir.

Para los que se mantienen en plena actividad, la vida se les hace corta para disfrutar de los placeres que ella brinda, no desean otra cosa que prolongarla más allá de lo que las estadísticas y el promedio indican. Otros sin embargo, aspiran hacerla menos duradera buscando dignamente dentro de ella una deseada tranquilidad infinita con el respectivo corte intempestivo, para tal fin terminan eligiendo alguno de los nuevos procedimientos que la ciencia moderna presenta como opción para terminar con esa etapa vivida. Es bueno recordar que la vida no es más que una fracción de tiempo, cuyos recuerdos y espacios recorridos van a depender de los buenos y malos momentos que se hayan podido experimentar. Para los pesimistas el corto tiempo transcurrido es una eternidad y para otros más optimistas el largo tiempo andado es una fracción de segundos pasados más rápido de lo que pueda imaginarse.

Cuando se llega a la ancianidad que no es otra cosa que la demostración de haber sabido llevar la carga de éxitos y fracasos sin desmayar a pesar de los obstáculos que la misma vida presenta; se entra en la etapa de análisis y ajustes de las acciones emprendidas en ese recorrido, unas logradas, otras fracasadas y las menos importantes suspendidas, pero acciones propias de cada quien, que al final inciden espiritualmente en el “solatium habeamus rationem eriperi in pace” (ánimo de entregar cuentas en paz), que como acto final de trayectoria de vida recorrida, las personas están en el deber moral de evaluarlas con su “yo interno” para al final quedar en paz con su conciencia.

La prueba real de que en efecto se está preparado para seguir avanzando a pesar de cualquier contratiempo, es aceptar los sufrimientos propios y saberlos internalizar, lograr concatenarlos en orden de prioridad y de acuerdo al peso específico de cada uno. Para diluir el efecto que ellos causan en el ánimo de la persona que lo padece, es importante entender que aun estando sanos se vive permanente sufriendo por algo; lo que no puede hacerse es  pasar la vida sufriendo por banalidades, porque en la medida en que se le dé larga a esos pesares, más larga será la llegada de las bonanzas que ella misma presenta. Ocasionalmente es difícil descifrar el espacio recorrido en la vida, y entender las razones de cada uno de esos acontecimientos, así como la ocurrencia de ellos en esa fracción de tiempo indeterminada, que dependiendo de la manera en que se lleve a cabo resultará más placentera y deseando que nunca termine, o menos duradera con la tristeza de un final prematuro.

Generalmente los jóvenes ven a los mayores simplemente como viejos cansados y pasados de moda, pero cuando se es mayor se ve a los jóvenes como intrépidos inexpertos que no saben ni para donde van. En la adultez permanentemente se debate acerca de las distintas situaciones vividas, que sin dar el brazo a torcer algunas personas insisten en que todo tiempo pasado siempre fue mejor. Por eso, muchos opinan que los extremos son malos. Ciertamente algunos adultos desean volver a la juventud pero sin perder la experiencia y madurez acumuladas, esto demuestra la frustración de no haber cumplido cabalmente con las distintas etapas vividas, que a fin de cuentas se recoge en la expresión cierta de que “el paso de los años jamás fue ni será en vano”. Nadie aprende en cabeza ajena, por eso las diferentes etapas de la vida deben aprovecharse viviéndolas tal como son, sin necesidad de demostrar mucha experiencia en la adolescencia, ni tanta habilidad en la sejentud.

Algunos recomiendan revisarse a profundidad antes de tomar alguna decisión trascendental como por ejemplo la decisión de cuánto se va a vivir. Es importante esta revisión a los fines de evitar el efecto discrepante que hará presencia en esa decisión como consecuencia de las carencias experimentadas por la persona en distintos momentos de su vida y que le marcaron para siempre. Por lo tanto, la ausencia de elementos básicos para cubrir una necesidad, sea por la falta de cualquier detalle indispensable para llevarla a cabo, puede resultar determinante en la conciencia al momento de querer comprobar el desapego a la vida que por demás obliga a quien lo padece a estar plenamente consciente de ello y aceptar que realmente está decidido a renunciar a lo que por tanto tiempo llamó vida.

Al final no se trata de una porción de agua que estamos dejando escapar de entre los dedos. Se trata de todo un cúmulo de pertenencias de las cuales solo somos dueño de una parte de ellas, el resto les corresponde a todas las personas que nos aman o que convivieron con nosotros. Negar esas condiciones tan reales, lo que se hace es empañar la claridad de la picardía con que algunos han vivido escapando de la muerte, como el caso de algunos jóvenes corriéndole para que no les alcance y al final los ancianos rezando que no les llegue y que esta pase de manera desapercibida.

Llegada la ancianidad y con esta el momento de desprendernos de la vida, siempre habrá de tenerse en cuenta que ella ha sido más valiosa de lo que nos imaginamos. Aun cuando los achaques propios de la edad nos perturbe la imagen que queremos ver en el espejo donde nos estamos mirando, y hasta nos limite los movimientos normales del cuerpo, lo importante para no padecer el castigo de los años en esos momentos ya de espaldas al sol, lo recomendable es mantener la bonita ilusión mental de sentirnos jóvenes mientras estemos vivos.

Pero… ¿entonces qué es la vida?, bueno… Es una gratuidad. La vida es algo que se nos ha dado sin contar con nosotros. Por lo mismo, es algo gratuito. “Nacemos, y nada podemos rehusar. Son otros quienes dibujan, diseñan, garabatean y proyectan sobre el papel de nuestra vida. Nos echan flores y, al mismo tiempo, espinas. Nos besan y, a la vez, recibimos miradas de desprecio… No tenemos capacidad para escoger, y nada podemos rehusar. Somos plena acogida. A todo decimos que sí. Y todo lo que entra en nosotros a través de los sentidos lo guardamos como bagaje para la vida. Un bagaje que no podemos seleccionar ni escoger” (párrafo de cf. Wilson, 1983, 17).

Otra realidad es que no todos los seres humanos están preparados para soportar una enfermedad terminal y mucho menos la muerte por esa causa, muchas personas no están preparadas para soportar por largo tiempo un dolor, por lo que lejos de demostrar capacidad de aguante, lo que hacen es demostrar incapacidad de fuerzas y soporte a su deterioro espiritual. Por varias razones la ciencia hoy en día ha creado algunas vías de escape a tantas encrucijadas y amarguras, ofreciendo posibilidades de interrumpir el ciclo natural de la vida y permitir que cada quien escoja hasta cuándo desea vivir con un dolor permanente o desde cuando quiere disfrutar de una merecida tranquilidad.

Muy controversial es el tema de la Eutanasia, porque de ese acto depende la continuidad o no de la vida de una persona independientemente de que esa sea la última voluntad de ella. La misma puede llevarse a cabo a través de dos formas: la Eutanasia pasiva o la activa. Ambas son acciones llevadas a cabo por personas con la correspondiente autorización expresa y legal manifestada por otra que en su condición de paciente signado por una enfermedad terminal decide dar por terminado su estado de vida orgánica y física, escogiendo para ello como decisión voluntaria que la muerte sea de manera rápida, a los fines de evitar más sufrimiento.    

La Eutanasia pasiva, se refiere a la decisión de suspender o no la aplicación de medidas que mantienen o pueden mantener a una persona con vida, la cual fallece como consecuencia de esa decisión. La Eutanasia activa hace referencia a las acciones que producen una muerte que no hubiera ocurrido sin la puesta en práctica de las mismas. En ambos casos, los elementos naturales, religiosos, humanos y sobre todo los elementos legales tienen profunda implicación en esos actos, toda vez que los elementos principales radican en la absoluta y expresa  voluntad de la persona sin la presencia de ningún elemento perturbador de los principios establecidos en los diferentes ordenamientos jurídicos vigentes en cada uno de los Estados en los cuales se haya autorizado estas acciones de fin de vida voluntaria. Para algunos debe ser considerado permisible cesar el tratamiento y dejar morir al paciente, no así permitir que se pase a ejercer una acción directa que tenga como fin matar al paciente.

A nivel mundial y especialmente en aquellos países en los cuales la Eutanasia no está permitida, existe cierta tolerancia hacia la pasiva, la cual clínicamente ocurre al desconectar las maquinas de apoyo a la vida, como por ejemplo la ayuda de respiradores, tubos de alimentación, cese de intervenciones quirúrgicas que puedan prolongar la vida del paciente y al final no administrarle medicamentos destinados al mismo fin de salvarle la vida. Para algunos expertos desde el punto de vista moral ambos procesos son equiparables en sus objetivos finales.

Sobre este último punto, si el mismo responde o no al carácter moral, surge una importante diatriba que conlleva a muchos discernir sobre el dilema ético acerca de la tolerancia efectiva de los actos referidos a la Eutanasia en cualquiera de sus formas. Para Friedrich Nietzsche, los juicios y las valoraciones relativas a la vida, en pro y en contra, no pueden ser nunca, en última instancia, verdaderos: sólo valen como síntomas, y únicamente deben ser tenidos en cuenta como tales; en sí, dichos juicios son necedades. Hay que alargar totalmente los dedos e intentar captar la admirable sutileza de que el valor de la vida es algo que no se puede tasar”. Cuanto el individuo necesita hacer, es velar por su conservación y desarrollo. (Párrafo de Miguel Martínez Huerta, Razón y palabra).

Por otra parte es interesante revisar algunos aspectos relativos a la terminación de la vida con dignidad a que hacen referencia los defensores de esta práctica médica. Sobre ello es razonablemente comprensible que si bien se trata de un acto humanamente censurado por muchos, no deja de tener pertinencia explicable entre los familiares de quien toma la decisión de terminar su vida con el debido respeto a la calidad de la misma; y no esperar el inevitable deterioro a que estará expuesto con el avance de la enfermedad. De esa manera se le está brindando el debido respeto a su última voluntad mientras aún se está lúcido y en condiciones mentales de decidir por sí mismo. De todas maneras la decisión de cambiar el sufrimiento padecido por una tranquilidad desconocida, es como no haber disfrutado las alegrías de la vida. 

Los primeros países en aprobar legalmente la práctica de la Eutanasia para poner fin a la vida con la intervención de un profesional de la salud en caso de enfermedad incurable, grave, crónica e invalidante, fueron Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Colombia, le siguen otros países con importantes adelantos en la aprobación de esta práctica como por ejemplo España. En todo caso, por muy nuevo que pareciera el término este no es absolutamente moderno ya que desde la antigüedad en Grecia y Roma se conocían algunas prácticas para permitir morir a quien así lo decidiera tras el consumo por ejemplo de veneno, inclusive los propios gobernantes contaban con la acción de la cicuta para llevar a cabo el propósito de acabar con la vida.

De todas maneras, para el médico que tiene en sus manos la decisión ejecutora y voluntaria de la vida de una persona jamás debe olvidarse del siguiente párrafo: Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso…. En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia… Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo… Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura… Extracto del texto original del juramento Hipocrático.

Curiosidades: Película la vida es bella

Muy dura pero absolutamente hermosa. Así es la película «La vida es bella» escrita, dirigida y protagonizada por el actor, humorista, guionista y director italiano Roberto Benigni en 1997. El filme narra la historia de Guido, un judío italiano que decide emplear su imaginación para proteger a su hijo, Giosué, de la dureza de un campo de concentración nazi en el que les han encerrado junto a su esposa y madre del pequeño, Dora.

Una emotiva obra que logró enamorar a la crítica del mundo entero, cosechando más de 50 premios internacionales. Asimismo, logró tres premios Óscar: Mejor Película Extranjera, Mejor Banda Sonora y Mejor Actor. Pero, además de por su increíble historia, «La vida es bella» también es especial por los siguientes motivos:

Sus protagonistas, Guido (Roberto Benigni) y Dora (Nicoleta Braschi), también son pareja en la vida real. ¡Llevan juntos más de 27 años!

La película está basada en la experiencia real de Romeo Salmoní, que logró sobrevivir al Holocausto Nazi y permitió a Benigni hacer pública su historia.

Roberto Benigni es el primer y el único italiano que tiene un Óscar al mejor actor.

Además, «La vida es bella» cuenta con una de las frases más míticas e inolvidables de la historia del cine: “Buenos días princesa, he soñado toda la noche contigo”. (Fuente: pronto tv.).

Inicia la semana comprendida entre el domingo 11 y el sábado 17 de octubre. Hoy es el día número 285 del año, y faltan 81 para que termine el 2020.

Saludos, vuelvo en una semana.

Jaime E. Peñaloza Durán

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