2 de noviembre, fecha de reencuentro y festejo entre dos mundos

El culto a los difuntos, es una festividad de origen pagano, arraigada a rituales de las comunidades indígenas que poblaron el continente americano antes del proceso de colonización.

Entérate24.com-  El Día de los Muertos y el Día de los Fieles Difuntos (para la Iglesia católica), es una fecha propicia para rendirle culto a quienes partieron a otro plano espiritual. En Venezuela a diferencia de otras naciones de Latinoamérica y el mundo, no existen celebraciones relevantes que resaltar porque las familias solo se dedican a visitar los camposantos para limpiar las tumbas, llevar flores y encender velas como un acto simbólico de amor, fe, esperanza y compromiso con aquellos que a pesar de no estar físicamente, siguen presentes en miles de corazones.

En el caso de los niños, muchos deudos optan por llevar recuerdos a sus sepulcros, en especial juguetes. Incluso hay quienes ofrendan comidas, bebidas, recitan serenatas, tocan tambores y hasta colocan las canciones favoritas del fallecido. También existen personas que construyen sus propios altares en casa y desde allí en un ambiente más intimo frente a la imagen del difunto y los santos, rinden tributo a su manera.

Los católicos suelen ir a los templos para participar en el Oficio de Difuntos y las Misas de Réquiem (en latín significa Descanso o Reposo) salvo los momentos en que el 2 de noviembre cae domingo porque es el día de la resurrección de Cristo, del nacimiento de la iglesia para el espíritu santo y por lo tanto la fecha no es tomada en cuenta por respeto al Supremo que prevalece  por sobre todas las cosas.

Según la historia, el  monje benedictino San Odilón, proveniente de Francia instauró el día de los Fieles Difuntos a mediados del año 998 con el fin de recordar a los hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección y todos los que murieron  en la misericordia de Dios.

Los Cristianos Evangélicos, consideran que esta creencia es diabólica de acuerdo al  pasaje de la Biblia Eclesiastés. 9:5-6, el cual establece que “los muertos nada saben, ni tienen más recompensa. Su memoria cae en el olvido. También perecen su amor, su odio y su envidia; y ya nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol”.

Entre tanto para los paleros y santeros, el Día de los Muertos es propicio para hacer un agasajo especial a las almas que los guían por el mundo terrenal, mientras que los espiritistas optan por dejarlos descansar durante todo el mes de noviembre hasta el 4 de diciembre cuando inician las fiestas de Santa Bárbara.

Uno de los lugares más emblemáticos, místicos y majestuosos de Caracas, es sin duda alguna el Cementerio General del Sur, una necrópolis enclavada en la parroquia Santa Rosalía que desde el 5 de julio de 1876 convergen diferentes creencias que llevan a un mismo destino, recordar al ser amado.

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En este camposanto de aproximadamente 246 hectáreas -que pertenecían  al caserío del Rincón del Valle, donde se hallaba la antigua hacienda caraqueña Tierra de Jugo (hoy Prado de María)- podemos observar como desde su entrada las personas bajan el tono de voz y las palabras se convierten en susurros para no ofender la memoria de quienes descansan bajo tierra, entre los personajes más populares y visitados se encuentran los que conceden favores como Victorino Ponce, quien a cambio de fe ofrece casitas; María Francia, ideal para los que quieren graduarse; Dr. Mario Ortega, buscado para resolver casos vinculados con la justicia; el “chamo” Ismael, perteneciente a la corte malandra o Calé, concebido como la versión tropical de Robín Hood porque presuntamente en vida robaba a los ricos para ayudar a los pobres; entre otros personajes milagrosos.

Para el investigador de la historia de Venezuela Martin Padrón, desde la inauguración del Cementerio General del Sur por parte del General Antonio Guzmán Blanco, la celebración del Día de los Muertos y de los Fieles Difuntos migró a este nuevo espacio, ya que anteriormente los deudos se dirigían a las 27 necrópolis  existentes para la época, como  la de los alemanes, los ingleses, Los Hijos de Dios, Las Mercedes y  San Simón; mientras que la clase conservadora concentraba su culto en las criptas de las iglesias, entre ellas la de San Francisco y el actual Museo Sacro, antiguo camposanto de la Catedral de Caracas. Todos, clausurados por cuestiones  de salubridad.

Entrevista exclusiva con el investigador, Martin Padrón.

Las exhumaciones de los cadáveres desde los antiguos cementerios hacia Tierra de Jugo -declarado Patrimonio Cultural el 9 de junio de 1982- se realizaron  ocho años después  de haber sido efectuada la inhumación.

En el estudio Polvo eres y en polvo te convertirás: la muerte y su entorno en Venezuela hasta 1940, la antropóloga Alberta Zucchi destacó la estrecha vinculación entre el poder civil y el religioso hacia fines del siglo XVIII y parte significativa del XIX,  donde “la Iglesia católica -como en muchas otras situaciones- intervenía en aspectos concernientes a la muerte y sus rituales”.

Zucchi, según reseñó Eduardo Cobos en su libro La muerte y su dominio. El Cementerio General del Sur en el guamanato 1876-1887, indicó que solo en el “Septenio guzmancista (1870-1877), periodo en el cual se planea y se inaugura el Cementerio General del Sur, la relación Iglesia Estado es redimensionada, prevaleciendo las nociones laicas para los ritos mortuorios”.

Fuente IAM Venezuela (Institutional Assets and Monuments of Venezuela) 

“Anteriormente el Cementerio General del Sur quedaba bastante alejado de la Ciudad, para llegar había que atravesar El Guaire, Puente de Hierro, la carretera del Valle, era todo un paseo”, relató Padrón, haciendo referencia a que la inauguración del camposanto coincidió con la visión romántica del arte que se desarrollaba en Europa, la cual se trasladó al país a través de la estatuaria.  

“Se comenzaron a hacer monumentos funerarios, vinculados a rescatar la memoria del fallecido y que no fuera simplemente el tradicional entierro  de colocar una lapida o una cruz. Las familias  más pudientes, recurrieron entonces a artistas afamados, especialmente de origen italiano, muchos de los cuales se radicaron en el país y crearon una escuela estatuaria que fueron construyendo un riquísimo patrimonio cultural, el cual hoy forma parte de la ciudad”, destacó.

La escultura mortuoria venezolana comenzó a ser inspiración o copia de los cementerios del norte de Italia (Milán, Génova) y  de otras naciones de Europa. A finales del siglo XIX se impuso el encargo a “firmas italianas establecidas en Caracas, con sucursales o relaciones en canteras y talleres de la Lombardía y el Piamonte. Entre estas firmas destacaban las de Julio Roversi, Emilio Gariboldi, Francisco Pigna, Ventura, Morini, Aagaard, Chellini” entre otros, indicó Cobos, citando a Rafael Cartay.

Con el pasar de los años el Sur comenzó a perder prestigio debido al crecimiento vertiginoso de la población que conllevo a dejar de lado la clasificación de los entierros por clase social.

Distintas fronteras, un mismo camino: La veneración

El Día de los Muertos, es una fiesta de origen pagano, arraigada a rituales de las comunidades indígenas que poblaron el continente americano antes del proceso de colonización, donde las costumbres católicas se impusieron a través de los conquistadores para crear de esta manera un hábito  único  que conservó ciertos  patrones  ancestrales de las tradiciones precolombinas, siendo las ofrendas el eje central de una creencia, festejada principalmente en México, Guatemala, Honduras y El Salvador, así como en algunas comunidades de los Estados Unidos con fuerte presencia de mexicanos y centroamericanos.

Los colonos españoles durante el siglo XV temerosos de las “prácticas satánicas” de los pueblos originarios y en su afán de convertir a los nativos en fieles católicos, establecieron el festejo  para el inicio de noviembre a fin de que coincidiera con las celebraciones del Día de los Fieles Difuntos y dejar atrás el Día de los Muertos, proveniente de la cultura Azteca, Maya, Purépecha, Nahuas y Totonacas, quienes realizaban majestuosos y coloridos rituales honrando a la diosa Mictecacíhuatl o Dama de la Muerte mediante la construcción de paredes con imágenes de calaveras para recordar  a sus antepasados.

La imagen del venerado colocada en la parte más alta del altar; el incienso para purificar el ambiente de las malas energías; el papel picado en representación de la alegría; las velas como luz guía hacia el mundo terrenal; el agua como símbolo de pureza del alma que permite al difunto saciar su sed tras el largo viaje desde el mundo de los muertos; y la comida y bebida preferida del fallecido para que disfrute nuevamente de los alimentos degustados en vida, son algunos de los elementos que se mantienen vigentes, al igual que las flores , siendo las más utilizadas el cempasúchil, la nube y el terciopelo, concebidas como los símbolos de la muerte.

“Hay un tema muy interesante que ha surgido a raíz de la película Coco  que ha rescatado -por el éxito que tuvo-  la fuerza de una tradición milenaria. Mostrando con una visión de colorido como el  Día de los Muertos, es una verdadera fiesta”, ejemplificó Martin Padrón al tiempo que resaltó el estatus de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de esta festividad, otorgado el 7 de noviembre de 2003 en París, Francia por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).   

Precisó que en Venezuela el culto a los muertos se está perdiendo debido a la influencia de Halloween (frase inglesa All Hallows Eve, que significa víspera de todos los santos), la cual  por falta de información se confunde con el Día de los Muertos, cuando en realidad se trata de una tradición de origen europeo, cuyas raíces provienen del festival de Samhain (pronunciado sow-in que significa fin del verano) que se realizaba anualmente los 31 de octubre tras finalizar la temporada de cosechas para dar comienzo al nuevo año celta que coincidía con el solsticio de otoño.

Se creía que durante la noche de ese día, los espíritus de los muertos caminaban entre el mundo de los vivos. Razón por la cual,  se efectuaban fiestas y rituales sagrados que incluían colocar velas en las ventanas para que los difuntos  encontraran su camino.

En el caso de Argentina, esta festividad también es conocida como el Día de todas las Almas, arraigada a la provincia de Jujuy. El 1 de noviembre los espíritus  de quienes partieron regresan para retirarse al día siguiente, fecha en la cual las necrópolis se colman de luz, color y variadas ofrendas.

La tradición en el resto de los países americanos como Honduras, Costa Rica, Colombia, Chile, entre otros sigue siendo la misma, solo varían algunos elementos de acuerdo a la cultura ancestral. Las expresiones están relacionadas con rituales que solo buscan adorar a esos seres maravillosos que compartieron con nosotros los mejores momentos de su vida, dejando en nuestras almas gratos recuerdos que de una u otra forma -más allá de la memoria- deseamos hacerlos tangibles para no perder la conexión espiritual.

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